JnCe celebra los 30 años de Constitución

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JnCe celebra los 30 años de Constitución

Mensaje  David García el Sáb Dic 06, 2008 9:39 pm

JnCe celebra los 30 años de Constitución

Hoy, se cumplen 30 años de constitución. Una constitución aprobada en el 1978, durante la transición.

Una época difícil, de cambios, pero que D. Adolfo Suárez, supo llevar. La constitución supuso la aprobación definitiva de la democracia por parte de los españoles. Sabemos que no es perfecta y se puede reformar. Así pues desde jnCe y aprovechando el gran día de la constitución, hacemos saber que: -La constitución española necesita de forma urgente una reforma electoral.


1 ESPAÑOL= 1 VOTO.


-La constitución española necesita una modificación urgente de los artículos 149, 150 y otros del Título VIII, fijando una serie de competencias indelegables por parte del Estado, que no podrán ser transferidas en ningún caso a las comunidades autónomas. Entre las competencias indelegables, figurarán la política exterior, la defensa nacional y el Ejército, la administración de Justicia, la legislación laboral y económica, la Hacienda pública, la Seguridad Social y la Inspección y armonización del sistema educativo.

-Creemos que debe reformarse el senado, para que sea una verdadera cámara de representación territorial. -Creemos que el Parlamento debe reformar la Constitución para incluir de forma expresa un sistema de financiación único para todos los territorios con la excepción de los que disfrutan de régimen foral. El nuevo sistema se basará en los principios de solidaridad y cohesión.

-Reforma código penal.

Dicho esto, JnCe nos sumamos a las celebraciones del día de la constitución, y les deseamos que pasen un feliz día de la constitución.


http://jovenespornuevocentro.blogspot.com/2008/12/jnce-celebra-los-30-aos-de-constitucin.html

David García
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Re: JnCe celebra los 30 años de Constitución

Mensaje  Nauzet Gugliotta Glez el Vie Ene 23, 2009 8:25 pm

¡Hola, David! Llego muy tarde, tal vez demasiado, pero bueno, me gustaría expresar mi opinión.

El 31 de Octubre las Cortes españolas aprobaron lo que sería el futuro texto constitucional, el 6 de Diciembre el pueblo español la refrendó y el 29 de Diciembre se publicó en el Boletín Oficial del Estado. Y más que conmemorar el texto en sí, importantísimo desde luego, habría que hacer una profunda reflexión con un toque de perspectiva histórica y un tanto, filosófica. La Constitución es un documento con 169 artículos, y en apariencia puede parecer simple.

Jurídica y políticamente, la Constitución española establece el funcionamiento de un Estado, España. Y lo establece a través de un Derecho fundamentado en principios y valores que solidifican el sistema democrático y el ordenamiento jurídico español a través del filtro de la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo.

Históricamente, la Constitución española, como el resto de las europeas, es la culminación de un proceso histórico propio: la culminación de la anhelada apertura de España a Europa y al mundo, la culminación del nuevo despertar de la economía de un país que un día fue imperio, y al siguiente, nido para la explotación extranjera. La Constitución es, consecuentemente, un punto de inflexión en la Historia de nuestro país. Fue proyectada para zanjar las dos Españas y levantar barreras ideológicas intransigentes, para reconocer lo que durante siglos se reprimió y para inyectar en la sociedad un basamento de cultura democrática que haga estable y duradero este sistema de convivencia en el que los españoles, lamentablemente, somos menores de edad.

La Constitución es un documento formulado para preservarse intacto durante décadas, aunque la dinámica social haga que de tanto en tanto deba retocarse. Y señores, España ha seguido una dinámica vertiginosa en la que todo lo que había sido enterrado vuelve a desempolvarse como viejos fantasmas que se hacen de carne y hueso, pura realidad. Y también, como es lógico, la sociedad en su continuo movimiento da a luz nuevos planteamientos y problemas que la Constitución, como cumbre de nuestra organización y forma de convivencia, debe reconocer y solucionar.

Hagamos un breve análisis de estas nuevas (o viejas) realidades:

1) España es, observando nuestra inestable línea histórica, un Estado construido sobre antiguas nacionalidades. Y la fusión de éstas no se hizo por decisión democrática, sino por conveniencia de los poderes de entonces, las monarquías que poco a poco se fueron fortaleciendo hasta llegar a los Estados absolutistas. En España, a diferencia de muchos otros países, el intenso localismo que heredamos del medioevo no se solucionó de manera justa y por el bien de todos: se arregló con la unión forzosa bajo Coronas y conforme se instauraba la voluntad del soberano como absoluta, estas nacionalidades fueron cada vez más reprimidas y disueltas por la espinosa idea de "unidad nacional" (lengua, cultura, religión, derecho). Después de varios siglos de enterrar esas identidades a base de despotismo, hoy que no lo hay, los ciudadanos concientes de este enorme error histórico están haciendo todo lo posible por recuperar esa identidad arrebatada, y con rencor y odio a cualquier idea de unidad, postulan la secesión y la independencia.

Creo que es un punto estratégico en la reforma de la Constitución (para la supervivencia de España) el acabar por redefinir qué queremos de España y qué queremos hacer con la diversidad que la integra.
Señores, las Autonomías son un motor sin gasolina que agoniza ante la nueva realidad de la sociedad española del siglo XXI, que requiere una revisión del Título VIII de la Constitución, y en base a las necesidades de este Estado común a tantas nacionalidades, establecer un Federalismo similar al Alemán; unas competencias dignas a cada Estado siguiendo el criterio común del interés general de los ciudadanos de toda España y un sistema de coordinación interestatal que garantice el buen funcionamiento de las instituciones comunes a todos.

2) Las Instituciones del Estado español se nos muestran un tanto desfasadas para la realidad del nuevo país en el que vivimos. Un ejemplo de ello es la poca utilidad del Senado, que se traduce en mera burocracia, inútil, ya que como sabemos el Congreso de los Diputados siempre tiene capacidad supletoria y puede desbloquear cualquier veto de la cámara alta. Por otro lado, vemos los inmensos privilegios que nuestros parlamentarios poseen, y la libertad de gasto que poseen. La Constitución debe reformarse en el sentido de ampliar el control sobre la clase política, que anda muy libre formando, desde hace treinta años, una densa oligarquía con nuestros impuestos. Así o bien debe eliminar la cámara alta o bien definirla como Cámara de Representación de las Comunidades Autónomas o, si se plantea la idea de federalismo, de representación de los Estados.

3) Por otro lado, tenemos problemas con el poder Judicial. Y esto no es porque la organización sea mala ni mucho menos. Los Tribunales españoles si por algo se caracterizan, es por tener una organización teórica perfecta y envidiable a nivel mundial. Pero en lo que la Constitución falla es en la obligación del Poder Ejecutivo y Legislativo de sostener una digno Poder Judicial. Recordemos que el Judicial es el más poderoso de todos los poderes, valga la redundancia, pero que sin la atención de los demás se muestra débil, raquítico e incapaz de atender la demanda de una sociedad cada vez más inquieta y problemática. Se precisa mucho más dinero para nuestros Tribunales, más y mejores medios, y eso debería ser una obligación del Gobierno de la Nación, una obligación constitucional.

4) Como espejo de la sociedad, la Constitución debe recoger explícitamente el reconocimiento de derechos a las minorías siempre marginadas hasta hoy en España, así como el carácter laico de una sociedad que en la práctica no es tan católica como la que refrendó la Constitución. España es un país moderno y que ha superado prejuicios institucionales propios de la Dictadura franquista o del viejo pensamiento democristiano. Así es necesario desvincular totalmente el poder democráticamente legitimado, del poder de la Iglesia en cuanto a religión "mayoritaria", así como establecer constitucionalmente el deber de todo español de aprender en las escuelas públicas y privadas el contenido de la democracia y el valor de los principios que inspiran nuestro país por encima de cualquier ideología intolerante o peligrosa contra la propia democracia.


Así sobre estos cuatro puntos debe hacerse, en mi opinión y criterio, una reforma en la Carta Magna: un nuevo modelo territorial que de un último paso desde el Estado de Autonomías a un Estado de Estados; una limpieza institucional que de paso del caos y el desmadre económico de los políticos, a la coherencia y al buen gasto; un poder judicial proporcional a la realidad social y a la demanda ciudadana, un reconocimiento constitucional de los nuevos derechos de las minorías y una actualización del carácter aconfesional del Estado a un poder totalmente laico.

Como conclusión me gustaría decir que la Constitución de 1978, lejos de ser perfecta, es un documento único, grandioso y que merece todo el respeto y el mimo posible. Ella es producto de la sociedad, es patrimonio de la sociedad, es un tesoro histórico que debemos estudiar, admirar y conservar.


Saludos

Nauzet Gugliotta Glez

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